Los roguelike y los soulslike han tenido muchos intentos de fusión, y Tyrant’s Realm es uno de ellos. Desarrollado por Team Tyrant y publicado por Skystone Games, este indie llegó a PC el 16 de enero de 2025 con su estética de PS1 y su mezcla de combates tácticos y progresión roguelite. ¿Está a la altura de los grandes o se queda en un intento más? Vamos a desmenuzarlo.

Un Souls-like con esencia Roguelite, pero… ¿Suficiente para destacar?
Aquí Tyrant’s Realm se siente como en casa, copiando fielmente la fórmula Souls-like con algunas especias de roguelite. El combate es deliberado, lento y exigente en términos de stamina. Tienes tu ataque ligero, tu ataque fuerte, rodar para esquivar, bloquear con escudo y el infame parry para contraatacar. Cada acción consume vigor, así que hay que administrar la barra de aguante religiosamente. El juego te obliga a comprometerte con cada movimiento: no puedes cancelar animaciones a mitad de camino, algo muy a lo Demon’s Souls, lo cual añade tensión estratégica, pero también puede frustrar a quien venga acostumbrado a combates más fluidos. En otras palabras, si te lanzas con cinco espadazos seguidos, el protagonista terminará esos espadazos sí o sí aunque veas venir un mazazo a la cara – “lo comido por lo servido”.
Las mecánicas especiales aportan algo de chicha: por ejemplo, el parry exitoso rellena una barra de “ejecución” que, una vez completa, te permite hacer un remate cinemático instantáneo en un enemigo común. Suena brutal y lo es (la animación de rajar monstruos es satisfactoria), aunque en la práctica solo funciona con enemigos normales; contra jefes olvídate, lo que deja al parry un poco infrautilizado. Irónicamente, más de uno preferirá ni arriesgarse a hacer parry – mejor esquivar y atacar por detrás, método clásico y eficaz.
Si lo comparamos con los grandes, Tyrant’s Realm no revoluciona nada. Juegos como Hades o Dead Cells demuestran más variedad y frescura en cada partida, mientras que este título tiende a repetir sus mismas ideas run tras run. No trae las capas narrativas de Hades, ni la jugabilidad pulida y veloz de Dead Cells, ni la grandilocuencia audiovisual de Returnal, ni la creatividad sandbox de Noita. Tyrant’s Realm más bien recicla y combina fórmulas ya conocidas. La única novedad destacable es ese sistema de mejora por colores en los altares, que es ingenioso y distinto a lo visto en otros roguelites. Fuera de eso, el juego aporta deja vu: “esto ya lo he visto”.


De la supervivencia al paseo triunfal
A diferencia de un Dark Souls donde por muy bueno que seas siempre te puede matar cualquier jefe despistado, aquí llega un punto en que te haces tan fuerte que el desafío se desploma. Los desarrolladores intentaron alargar la dificultad con modos de juego más duros: tras pasar el juego una vez, se desbloquea una Nueva Partida+ con dificultad mayor, y luego otra más (tres “ciclos” en total). Sobre el papel, cada ciclo añade enemigos más duros y limita tus curaciones (en la segunda vuelta ya no puedes recargar el frasco de vida en cada nivel, en la tercera solo tienes una curación por run entera). Suena difícil, pero si has estado mejorando al personaje, llegas a esas vueltas extra convertido en un dios de la guerra. Por ejemplo, en mi caso al terminar la primera vuelta ya tenía el frasco de vida al máximo y una armadura que me curaba automáticamente, así que la segunda dificultad la pasé sin sudar.
Es cierto que los jefes finales de cada nivel ofrecen picos de reto la primera vez que los ves – algunos tienen ataques sorpresa que te matarán si no estás atento. Pero en cuanto memorizas sus patrones, son pan comido porque el juego no introduce variaciones significativas en repeticiones posteriores. Incluso el jefe final absoluto, el Tirano, decepciona: tiene tres fases pero ninguna novedad real entre ellas, y acaba cayendo sin provocar esa sensación épica de “¡por fin lo logré!”. Varios jugadores lo han derrotado al primer intento, lo cual lo dice todo.


Un viaje a la era PS1 con sonido inconsistente
Gráficamente el juego parece un título olvidado de 1998, con modelos 3D de pocos polígonos, texturas pixeladas y efectos visuales “baratos” que resultan encantadores. Hay incluso filtros opcionales: puedes activar un filtro CRT para que la pantalla se vea como un televisor viejo y cambiar a formato 4:3 para jugar cuadrado como en los 90’s. Estas tonterías nostálgicas suman muchísimo al feeling: el juego abraza su look retro y te hace sentir realmente que estás explorando un Soulslike de la era PS1.
En el apartado sonoro, la cosa está más dividida. Por un lado, el diseño de sonido ambiental y de efectos está muy cuidado en pequeños detalles. Cada moneda que recoges cae al suelo con un clink metálico satisfactorio, las puertas oxidadas chirrían, al rodar contra barriles escucharás cómo se rompen con estrépito. Estos toques sonoros añaden mucha vida al entorno y demuestran mimo por parte de los desarrolladores.
Por otro lado, la música y la banda sonora pasan sin pena ni gloria. A decir verdad, apenas notarás música de fondo; muchas veces solo oirás el ambiente y los efectos. Durante los combates más intensos uno esperaría un cambio de ritmo en la música para aumentar la adrenalina, pero Tyrant’s Realm se queda bastante silencioso – quizás demasiado. No esperes un soundtrack al nivel de Hades ni nada cercano – en Tyrant’s Realm el audio es funcional y punto.
¿Cuánto dura Tyrant’s Realms?
La duración de Tyrant’s Realm varía según la habilidad del jugador y cuántas runs haga antes de completar el juego. En promedio, se puede completar la primera vuelta en unas 2-4 horas, dependiendo de qué tan rápido aprendas los patrones de combate y cómo administres las mejorases completar todas las dificultades (hay tres ciclos en total). Sin embargo, la dificultad no aumenta drásticamente en las siguientes runs, por lo que un jugador experimentado puede avanzar más rápido en los siguientes ciclos .
Para los que buscan desbloquear todo, el juego puede llegar hasta las 10-15 horas de contenido, pero esto depende de cuánto te motive la repetición y la optimización de builds.
Conclusión final sobre Tyrant’s Realms
Tyrant’s Realm es un roguelike-soulslike sólido pero sin sorpresas. Su estética retro es un acierto, el combate es decente y la progresión engancha al principio, pero la falta de variedad, una dificultad que se desinfla y su escasa rejugabilidad lo dejan por debajo de los grandes del género. Si buscas una experiencia desafiante con aire nostálgico, puede valer la pena, pero no esperes una revolución.


