Invizimals: El Reino Escondido llegó a PS3 en 2013 de la mano de Novarama, el mismo estudio español que había creado los juegos originales de PSP y PS Vita. Hasta ese momento, la saga era conocida por su propuesta bastante única: usar la cámara para capturar criaturas invisibles en el mundo real, una especie de Pokémon con realidad aumentada que mezclaba coleccionismo y minijuegos.
Pero con El Reino Escondido, Novarama decidió dar un giro radical. En lugar de seguir con la cámara y las cartas AR, el juego dejó atrás la realidad aumentada para transformarse en una aventura de acción en tercera persona, más cercana a títulos como Ratchet & Clank o Jak and Daxter. La idea era clara: llevar a los Invizimals a un público más amplio, que no tuviera que andar moviendo la consola o buscando buena luz para atrapar bichos.
El resultado fue una apuesta curiosa: una especie de reboot jugable, donde los Invizimals ya no son simples criaturas que coleccionas, sino aliados con los que puedes transformarte y luchar dentro de su propio mundo. Una transición valiente, pero que también levantó cejas entre los fans más nostálgicos, que veían cómo se dejaba atrás la esencia mágica de “cazar lo invisible” para abrazar algo más convencional.
Y con ese cambio de rumbo tan marcado, vale la pena preguntarse: ¿consiguió mantener la chispa que hizo especial a la saga? Vamos a meternos de lleno en ello.

Un portal a un mundo que no termina de brillar
La historia de Invizimals: El Reino Escondido empieza con una premisa sencilla pero prometedora: un portal se abre entre nuestro mundo y el de los Invizimals, y el protagonista —un chaval llamado Hiro— acaba cruzándolo para ayudar a las criaturas a enfrentarse a una misteriosa amenaza que está corrompiendo su reino. Desde el primer momento, el juego busca esa sensación de aventura fantástica, con un tono de “niño normal en un mundo extraordinario” muy de peli familiar.
El problema es que, aunque la idea da para algo épico, la narrativa se siente bastante lineal y predecible. No hay giros que te sorprendan ni momentos que se te queden grabados. Todo sigue un esquema clásico: llegas a una zona nueva, conoces a un Invizimal que necesita ayuda, limpias el lugar de enemigos y pasas al siguiente portal. Es un ritmo que funciona para los más pequeños, pero para un jugador más veterano se queda corto, sobre todo si venías esperando una historia más profunda o una conexión más fuerte con los títulos originales de PSP.
En cuanto al tono, el juego apuesta claramente por un estilo infantil y luminoso, con personajes simpáticos y diálogos muy “serie de dibujos de sábado por la mañana”. Sin embargo, hay que reconocerle algo: el mundo del Reino Escondido tiene encanto visual. Los escenarios combinan naturaleza, templos antiguos y estructuras tecnológicas con ese toque “mágico-cibernético” que caracteriza a los Invizimals. Es una mezcla curiosa entre fantasía digital y jungla colorida, que encaja bien con la estética de la saga, aunque le falte algo de vida y detalle para ser realmente memorable.
De cazador a guerrero… pero con algo de torpeza en el salto
El gran cambio de Invizimals: El Reino Escondido está aquí. En vez de usar la cámara para atrapar criaturas, ahora controlamos directamente a Hiro, que puede transformarse en distintos Invizimals, cada uno con sus propias habilidades y ataques. Es una idea con mucho potencial: pasar de un tigre eléctrico a una criatura voladora o un bicho de fuego en cuestión de segundos suena genial sobre el papel.
El sistema de combate es sencillo y directo, con ataques ligeros, pesados, combos básicos y alguna habilidad especial según el Invizimal. Por ejemplo, algunos pueden lanzar proyectiles, otros romper muros o usar poderes elementales para resolver pequeños puzles del entorno. La intención de Novarama era darle variedad a cada forma, y eso se nota… aunque la ejecución no siempre brilla. El combate se siente bastante rígido, con animaciones algo lentas y un control que no siempre responde con la precisión que uno espera en un juego de acción. Hay momentos en los que saltar o esquivar se vuelve más una pelea con el mando que con los enemigos.
La estructura de los niveles sigue un patrón clásico: zonas semiabiertas llenas de enemigos, plataformas, coleccionables y algunos puzles sencillos para avanzar. También puedes encontrar fragmentos y esferas que sirven para mejorar a tus Invizimals o desbloquear otros nuevos, lo que le da un pequeño toque de progresión. Sin embargo, la exploración es algo limitada: los escenarios se ven amplios, pero en realidad son bastante lineales y con poca libertad real para desviarte.
En comparación con otros juegos del estilo, El Reino Escondido intenta moverse en la misma línea que Skylanders: criaturas coloridas, combate accesible y un toque coleccionable. Pero mientras Skylanders ofrecía más fluidez, variedad y personalidad, aquí todo se siente más básico, como si el juego no terminara de encontrar su propio ritmo.


Los Invizimals lucen increíbles… hasta que los manejas
Si algo ha definido siempre a la saga Invizimals, es su galería de criaturas únicas, con diseños que mezclan naturaleza, tecnología y fantasía como si Pokémon se hubiera cruzado con Digimon en un laboratorio español. En El Reino Escondido, Novarama mantuvo esa identidad: los Invizimals siguen siendo coloridos, exóticos y fácilmente reconocibles, cada uno con su propio elemento y personalidad visual. Hay tigres eléctricos, escorpiones metálicos, pájaros de fuego, gorilas de piedra… y un montón de mezclas imposibles que, al menos estéticamente, siguen siendo muy “Invizimals”.
Donde el juego flojea es en cómo traduce todo eso a la jugabilidad. En teoría, cada criatura tiene habilidades únicas: unas pueden volar, otras romper rocas, otras nadar o usar ataques elementales. Pero cuando te pones a jugar, la mayoría acaban sintiéndose casi iguales. Los combos cambian de animación, sí, pero el ritmo y la sensación de impacto son muy parecidos. Pocas veces notas que estás controlando algo realmente distinto, y eso es un problema cuando tu propuesta se basa precisamente en la variedad.
Lo curioso es que se nota que había buenas ideas detrás del sistema de transformación. Poder alternar entre formas para resolver puzles o acceder a zonas secretas tiene su gracia, y en algunos momentos recuerda a lo mejor de Skylanders o incluso a Banjo-Kazooie: Grunty’s Revenge. Pero el diseño de niveles no termina de sacarles partido: los desafíos que requieren cambiar de Invizimal son tan simples que el juego acaba guiándote todo el tiempo, sin dejarte descubrir las cosas por ti mismo.
Y es una pena, porque el concepto de controlar a los Invizimals directamente podría haber sido una evolución brillante de la saga. Sin embargo, lo que debería sentirse como un viaje de descubrimiento acaba pareciendo un desfile bonito pero algo vacío. Las criaturas siguen luciendo genial, sí… pero cuando no sientes la necesidad de coleccionarlas, ni la emoción de dominarlas, algo se pierde por el camino.
Entre lo colorido y lo justito
Visualmente, Invizimals: El Reino Escondido es un caso curioso. A primera vista, entra bien por los ojos: mundos vivos llenos de color, criaturas con diseños llamativos y un estilo artístico que apuesta más por lo simpático que por lo realista. Los escenarios combinan selvas brillantes, templos con energía mágica y estructuras tecnológicas que parecen salidas de una peli de animación. Hay una intención clara de crear un universo coherente y visualmente atractivo, y en ese sentido, la dirección artística cumple. Todo mantiene ese aire “mágico-tecnológico” que siempre ha definido a los Invizimals.
El problema es que, más allá del arte, el músculo técnico se queda corto para ser un título de PS3. El juego parece más un proyecto de PSP o PS Vita inflado a golpe de resolución. Las texturas son planas, los modelados sencillos y las animaciones bastante robóticas. Las criaturas se mueven bien cuando atacan o posan, pero los personajes humanos parecen sacados de una cinemática de hace dos generaciones. A veces los labios ni siquiera sincronizan con las voces, y las expresiones faciales brillan por su ausencia.
En cuanto al rendimiento, El Reino Escondido mantiene un framerate estable la mayor parte del tiempo, aunque con caídas notables cuando hay muchos enemigos o efectos en pantalla. No es injugable ni mucho menos, pero sí da esa sensación de “falta de optimización”, como si el motor no terminara de estar cómodo en la PS3. También hay algún que otro bug visual menor —enemigos que se quedan flotando, texturas que cargan tarde—, nada grave, pero que recuerda constantemente que esto no es un juego de gran presupuesto.
Y es que, al final, el título no exprime el hardware de PS3 ni de lejos. Si lo comparas con otros juegos de la época como Ratchet & Clank: Into the Nexus o Skylanders: Swap Force, las diferencias son abismales. El Reino Escondido se siente más como un port vitaminado de portátil que como un desarrollo pensado para consola de sobremesa. Tiene encanto, sí, pero técnicamente se queda en tierra de nadie: demasiado simple para sorprender y demasiado limitado para brillar.
Aun así, hay algo que rescatar: su paleta de colores y ambientación tienen personalidad, y eso hace que el juego, pese a sus limitaciones, nunca se vea feo. Es más, tiene momentos visualmente agradables, especialmente en zonas luminosas o con efectos de energía. Es un ejemplo de cómo el arte puede compensar —al menos en parte— la falta de potencia técnica.


Un doblaje con ganas y un sonido que se repite más que un eco
La banda sonora de Invizimals: El Reino Escondido sigue el tono ligero y aventurero que caracteriza a la saga. Está compuesta por melodías orquestales con un toque mágico y tribal, que encajan bien con el tipo de universo que propone el juego: un mundo lleno de energía, portales y criaturas fantásticas. En los primeros compases, la música logra transmitir ese aire de descubrimiento y emoción infantil, acompañando bien las transformaciones y los combates.
Sin embargo, a medida que avanzas, empieza a sentirse bastante genérica. Las piezas se repiten con frecuencia, y pocas consiguen quedarse en la memoria. No hay temas realmente icónicos ni momentos musicales que eleven las escenas; simplemente cumplen su función sin destacar demasiado. Es de esas bandas sonoras que están ahí, pero si la silencias, el juego seguiría sintiéndose igual.
Donde sí hay un toque de personalidad es en el doblaje al español, algo que siempre ha sido una constante en la saga. Los actores de voz hacen un trabajo correcto, con un tono cercano y entusiasta que encaja con el público joven al que va dirigido. Hiro suena como un protagonista de serie animada, y los Invizimals tienen voces caricaturescas que refuerzan su carácter. El problema es que, aunque el doblaje es profesional, las actuaciones tienden a sonar algo forzadas o sobreactuadas, especialmente en los diálogos más emotivos. Aun así, se agradece el esfuerzo por mantener el juego completamente localizado y con identidad propia.
Los efectos de sonido son… un poco irregulares. Los rugidos, golpes y explosiones cumplen, pero carecen de fuerza real. Algunos Invizimals suenan geniales, con gruñidos o chispazos que les dan vida; otros, en cambio, parecen tener efectos reciclados de un juego de PS2. Después de un rato de combate, los mismos sonidos repetidos una y otra vez acaban cansando un poco, sobre todo si pasas mucho tiempo en la misma zona.
Conclusión final de Invizimals: El Reino Escondido
Invizimals: El Reino Escondido fue un intento valiente por llevar la saga a un nuevo terreno. Novarama quiso dar el salto de la realidad aumentada al juego de acción y aventura, y eso, de entrada, suena a evolución lógica. El problema es que, en el camino, se quedó a medio gas: perdió parte de la magia que hacía únicos a los Invizimals sin llegar a brillar del todo en su nueva forma.Entre los puntos fuertes, hay que reconocerle su colorido estilo artístico, la simpatía de las criaturas y el esfuerzo por ofrecer una aventura accesible para todos los públicos. También el doblaje al español, que mantiene la identidad de la saga y le da ese toque de producción cercana que siempre la caracterizó.Pero los fallos pesan más. La jugabilidad es repetitiva, el control se siente torpe, la progresión es plana y el apartado técnico no aprovecha en absoluto la potencia de PS3. El juego entretiene, sí, pero lo hace con un diseño más propio de portátil o de generación anterior. Da la sensación de que El Reino Escondido quería ser el gran salto de Invizimals… pero acabó quedándose en una curiosidad para fans jóvenes y nostálgicos.Al final, este título es como ese Invizimal que evoluciona antes de tiempo: prometía algo grande, pero no estaba del todo preparado. No es un desastre, ni mucho menos, pero sí un recordatorio de que la ambición sin identidad puede dejarte atrapado entre dos mundos.

