Análisis de Digimon Survive (PC, Xbox One, PS4, Nintendo Switch)

Te lo digo ya para que no haya engaños: Digimon Survive no va de “capturar, entrenar y reventar gimnasios” ni de sentirte el gran prota con tu compañero evolucionando a lo bestia cada dos por tres. La promesa que te hace por fuera es Digimon + decisiones + supervivencia, como si fuese una aventura intensa y estratégica… pero lo que te entrega de verdad es un drama oscuro con estética Digimon, donde el peso está en la historia, el misterio y en ver cómo el grupo se rompe por dentro.

Esto es una novela visual con combates tácticos. Pero novela visual de verdad, de las de leer muchísimo, elegir, comer tensión y tragarte conversaciones largas. Si tuviera que ponerlo en proporciones, para la mayoría de jugadores va a ser algo tipo 70–80% lectura / 20–30% combate (y si vienes buscando acción constante, esto te va a desesperar). El combate está bien para acompañar, pero no es el motor del juego: es más “descarga” entre capítulos, no el plato principal.

¿A quién le va a encantar? A quien entre con el chip de misterio, decisiones y mal rollo, y disfrute leyendo y comiéndose el drama con calma. ¿A quién le va a repeler? A quien quiera un Digimon “clásico”, a quien se impaciente con diálogos largos, o a quien necesite que el gameplay mande. Porque aquí, si no conectas con la historia… se te cae el juego entero.

Digimon Survive no quiere hacerte sentir cómodo

La historia de Digimon Survive arranca con una premisa potente: un grupo de chavales atrapados en un mundo extraño, con Digimon que no siempre son aliados y una sensación constante de que aquí nadie está a salvo. El tono es claramente más oscuro de lo habitual en la saga, tirando a terror psicológico light y drama adolescente cargado de decisiones incómodas. Cuando funciona, engancha mucho: hay momentos de tensión real, giros bien planteados y esa sensación de “algo va mal y no sabes cuándo va a explotar”.

El problema es el ritmo. El juego tiene picos muy buenos… pero también tramos donde se recrea demasiado, repitiendo emociones, alargando conversaciones y subrayando el drama una y otra vez como si no confiara en que el jugador ya lo ha pillado. Ahí es donde el tono serio roza el melodrama, y lo que debería ser inquietante pasa a sentirse pesado. No rompe la experiencia, pero sí la desgasta.

En cuanto a los personajes, aquí está uno de los grandes “todo o nada” del juego. El grupo tiene química y evoluciona según tus decisiones, y eso mola… pero no todos caen bien. Y no pasa nada en decirlo: hay personajes diseñados para ponerte nervioso, para tomar malas decisiones o reaccionar mal bajo presión. A veces eso está muy bien escrito; otras veces parece que el juego fuerza la estupidez solo para generar conflicto.

Cuando los personajes funcionan, funcionan de verdad: hay escenas que te hacen dudar, que te incomodan y que dan peso a las decisiones. Pero también hay momentos que rozan la vergüenza ajena, con reacciones exageradas o diálogos demasiado explicativos. Al final, si conectas con el grupo, Digimon Survive te atrapa emocionalmente; si no, el viaje se te puede hacer largo… y bastante cuesta arriba.

Elegir duele… pero no siempre tanto como debería

Uno de los grandes ganchos de Digimon Survive son sus decisiones. El juego te vende la idea de que cada elección pesa, de que una frase mal dicha o una actitud concreta puede cambiarlo todo. Y, siendo justos, algo de verdad hay en eso: el sistema de afinidad con los personajes, el karma moral y las rutas narrativas hacen que no estés simplemente pulsando opciones al azar.

Muchas decisiones tardan horas en mostrar consecuencias, lo cual por un lado genera tensión, pero por otro puede dar la sensación de que el juego te está castigando sin avisar o, al revés, premiando cosas que ni recuerdas haber hecho. Hay elecciones que se sienten potentes y otras que parecen más cosméticas de lo que deberían, sobre todo en el corto plazo.

La rejugabilidad existe, sí, pero no es para todo el mundo. Hay rutas claramente diferenciadas y finales que justifican volver… si te ha gustado mucho la historia. Si no, rejugar puede sentirse más como obligación que como placer, porque implica volver a tragarte grandes bloques de texto con ligeras variaciones. No es un “quiero volver”, es más un “si quiero verlo todo, me toca volver”.

El juego es mas o menos justo. A veces recompensa bien el compromiso con una línea moral o con ciertos personajes, pero otras veces es cruel sin explicarse, y eso puede frustrar. Digimon Survive apuesta por decisiones con consecuencias a largo plazo, lo cual es valiente, pero también arriesgado: si no entras en su lógica, puedes sentir que el juego te la ha jugado en vez de enseñarte una lección.

El combate cumple, pero nunca termina de despegar

El sistema de combate táctico de Digimon Survive es exactamente lo que parece cuando llevas un par de enfrentamientos: sencillo, funcional y bastante conservador. Turnos en cuadrículas, rangos de ataque claros, ventajas elementales y poco más. Hay objetos, habilidades especiales y algunos matices, sí, pero la realidad es que la profundidad es limitada y rara vez te obliga a pensar demasiado.

Ojo, esto no es necesariamente algo malo. El juego deja claro desde el principio que el foco está en la narrativa, no en el combate, y en ese sentido el sistema cumple su papel: no estorba, no confunde y no rompe el ritmo de la historia. El problema es que tampoco evoluciona, y cuando llevas varias horas, muchos enfrentamientos empiezan a sentirse demasiado parecidos entre sí.

La variedad de situaciones es escasa, la IA cumple sin más (rara vez sorprende) y el balance está pensado para que no te atasques, no para retarte de verdad. Esto provoca que haya combates claramente de relleno, puestos más para justificar el género táctico que para aportar algo memorable a la experiencia. No son molestos, pero tampoco emocionantes.

La curva de aprendizaje es suave, quizá demasiado. El juego te explica lo justo y luego te deja jugar, pero como el sistema no se complica mucho más adelante, la sensación es que siempre estás en modo tutorial ampliado. Aquí es donde duele un poco: nadie pedía un Fire Emblem, pero un extra de profundidad, sin romper el enfoque narrativo, habría elevado mucho el conjunto.

El combate no arruina Digimon Survive, pero tampoco lo engrandece. Está ahí para acompañar… y nada más.

Progresión contenida y un ritmo que a veces se atraganta

En Digimon Survive, la progresión está pensada para no robarle protagonismo a la historia, y eso se nota desde el primer momento. Los Digimon no se consiguen capturando sin parar, sino mediante negociación, un sistema que encaja bien con el tono narrativo pero que, jugablemente, es bastante simple. Funciona, tiene su gracia al principio, pero pierde impacto rápido y rara vez se convierte en algo realmente estratégico.

El tema de las evoluciones funciona de forma muy distinta según de qué Digimon hablemos. Los Digimon de los protagonistas evolucionan cuando la historia lo necesita, y sus formas dependen directamente del karma y de la relación que tengas con los amigos de Takuma. Aquí no hay mucha libertad: la narrativa manda, y tú acompañas. Esto refuerza el peso emocional del relato, pero también significa que no te sientes del todo dueño de esas evoluciones, sino más bien espectador de ellas.

En cambio, con los Digimon que reclutas el enfoque es justo el contrario, y aquí el juego acierta. La mayoría cuentan con tres ramas evolutivas, lo que sí te da margen para elegir, experimentar y adaptar tu equipo a tu forma de jugar. Con más de 100 Digimon disponibles, hay variedad suficiente para probar combinaciones y sentir que tu grupo no es un calco del de otro jugador.

¿Hay grindeo? Técnicamente sí, pero es ligero y opcional. Puedes repetir combates para subir niveles o preparar mejor al grupo, pero el juego rara vez te obliga a hacerlo. El problema es que, como el sistema de combate no es especialmente profundo, entrenar no resulta muy estimulante, y se siente más como una herramienta de seguridad que como una mecánica disfrutable.

Y aquí entramos en el gran talón de Aquiles del juego: el ritmo. Cuando la historia aprieta, Digimon Survive va como un tiro: diálogos tensos, decisiones incómodas y combates bien colocados. Pero cuando afloja, se arrastra sin pudor. Hay tramos con demasiada lectura seguida, transiciones poco naturales entre exploración, diálogo y combate, y momentos donde el juego parece olvidarse de avanzar.

La alternancia entre leer y combatir no siempre está bien medida, y es fácil que el juego se haga bola, sobre todo en sesiones largas. No porque sea malo, sino porque insiste demasiado en su propio discurso. Si entras con paciencia y aceptas su ritmo, la experiencia mejora mucho; si no, este pacing irregular puede ser lo que te haga soltar el mando antes de tiempo.

Bonito de mirar, pero a medio gas en lo artístico

A nivel artístico, Digimon Survive tiene una identidad clara y bastante valiente para lo que suele ser Digimon. El estilo 2D, las ilustraciones y los retratos de los personajes funcionan muy bien para transmitir ese tono oscuro y opresivo que busca el juego. Hay escenas que entran fácil por los ojos y momentos donde la dirección artística acompaña perfectamente al drama, sin necesidad de grandes alardes técnicos.

Los escenarios cumplen, aunque no todos tienen el mismo impacto. Algunos transmiten misterio y peligro de forma efectiva, mientras que otros se sienten más genéricos o reutilizados. No es un desastre, pero tampoco un despliegue visual constante. Aquí el juego apuesta más por ambientar que por impresionar, y en general sale bien parado.

Donde la cosa flojea es en la UI y los menús, sobre todo durante el combate. No son poco intuitivos ni confusos (de hecho, son sencillos y bastante claros en lo funcional), pero a nivel de diseño se quedan muy atrás. La presentación es sosa, poco atractiva y con una estética que no acompaña al tono oscuro del juego.

En un sistema táctico, aunque sea simple, la claridad está ahí… pero le falta personalidad visual. Cumple su función sin problemas, pero no luce, no destaca y nunca da la sensación de estar cuidada al mismo nivel que el apartado artístico general. Es práctica, sí, pero también bastante olvidable.

Artísticamente tiene personalidad y coherencia, pero la parte funcional no está a la misma altura. Es de esos juegos que se disfrutan más mirándolos que navegándolos, y eso, en un título con tanto texto y tantos menús, se nota más de lo que debería.

El sonido acompaña bien a la trama

En Digimon Survive, el apartado sonoro cumple exactamente el mismo rol que muchos de sus sistemas: acompañar sin estorbar, pero sin aspirar a ser protagonista. La banda sonora está bien elegida para reforzar el tono oscuro y de misterio, con temas que encajan en momentos clave… aunque la mayoría pasan bastante desapercibidos. No hay melodías especialmente memorables, de esas que se te quedan en la cabeza al apagar la consola, pero tampoco chirría nada.

A nivel ambiental, el juego hace un trabajo correcto. Los efectos de sonido ayudan a generar tensión en escenas concretas y refuerzan la sensación de peligro cuando toca, aunque de nuevo sin demasiados alardes. Todo está bien colocado, pero nunca termina de impresionar.

En cuanto al doblaje, aquí la cosa es clara: no hay voces completas durante los diálogos, y el peso recae casi por completo en el texto. Hay algunas exclamaciones, sonidos puntuales o frases sueltas, pero nada que se acerque a un doblaje real. Esto no es un problema en sí (al fin y al cabo es una novela visual), pero sí hace que la experiencia dependa mucho de que conectes con la lectura y el tono escrito.

En definitiva, el sonido en Digimon Survive cumple su función sin destacar. Refuerza la atmósfera cuando lo necesita, pero difícilmente será algo que recuerdes cuando termines el juego.

Conclusión final sobre Digimon Survive

Digimon Survive no es un juego que intente gustar a todo el mundo, y eso es precisamente lo que lo define. Es una experiencia valiente, rara dentro de la saga y claramente enfocada a contar una historia antes que a ofrecer un gameplay profundo o constante. Cuando conectas con su tono, con sus personajes y con ese viaje incómodo que propone, funciona muy bien y deja poso. Cuando no, se hace cuesta arriba, lento y a ratos agotador. No es un Digimon para la nostalgia fácil ni para el combate vistoso. Es un Digimon para leer, pensar, dudar y asumir consecuencias. El problema es que no siempre sabe medir cuánto pedirle al jugador, y su ritmo irregular acaba siendo su mayor enemigo. Aun así, se le nota la intención, la personalidad y las ganas de hacer algo distinto, aunque no siempre lo ejecute con la finura que merecía.

Lo mejor de Digimon Survive
  • Una historia oscura y poco habitual en Digimon, que se atreve a incomodar y a tomarse en serio a sus personajes.
  • Decisiones que, aunque no siempre inmediatas, tienen peso real a largo plazo y afectan rutas, finales y relaciones.
  • Un apartado artístico coherente con el tono, que sabe crear ambiente aunque no siempre lo remate.
  • Lo peor de Digimon Survive
  • Ritmo muy irregular, con tramos que se alargan demasiado y ponen a prueba la paciencia.
  • Combate táctico demasiado simple, que cumple pero se vuelve repetitivo rápido.
  • Rejugabilidad que depende más del compromiso con la historia que del disfrute puro de volver a jugar.
  • Nota final de Digimon Survive

    Historia

    Jugabilidad

    Apartado Técnico

    Apartado Artístico

    Apartado Sonoro

    7.5

    Nota Total

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