Análisis de Code Vein (PS4, Pc y Xbox One)

Desde el primer contacto, Code Vein no deja lugar a dudas: esto es un soulslike hecho y derecho. No un intento, no una copia superficial, sino un juego que adopta sin complejos las bases del género: gestión de estamina, pérdida de recursos al morir, escenarios enrevesados, jefes que castigan errores y combates donde el posicionamiento importa más que machacar botones.

La diferencia clave no está en lo que es, sino en cómo decide presentarlo. Code Vein no busca competir directamente con los Souls más duros de FromSoftware, sino ofrecer una experiencia más accesible, menos hostil y bastante más amable con el jugador. Y ojo, esto no lo convierte en un juego fácil, sino en uno menos implacable.

Aquí no se trata de rebajar el género, sino de hacerlo más digerible. El juego está claramente diseñado como una puerta de entrada para quienes siempre han sentido curiosidad por los soulslike pero han rebotado contra la dureza extrema de títulos como Dark Souls o Bloodborne. Code Vein permite aprender, experimentar y equivocarse sin que cada error se sienta como una bofetada constante.

Eso sí, esta accesibilidad también tiene un precio. En su intento por no espantar al jugador novato, el juego pierde parte de esa tensión opresiva que define a los grandes referentes del género. La sensación de peligro está ahí, pero rara vez llega a ser asfixiante. El resultado es un soulslike sólido, reconocible y bien construido, que prefiere acompañarte de la mano antes que empujarte al vacío.

Y esa decisión, aunque muy válida, marcará por completo la experiencia dependiendo de quién esté al otro lado del mando.

La estética anime entra mucho por los ojos, aunque no siempre está bien aprovechada

Uno de los grandes ganchos de Code Vein es, sin duda, su estética anime. Es imposible no fijarse en ella desde el primer tráiler: personajes estilizados, colores marcados, efectos exagerados y un diseño que busca impactar desde el segundo uno. Y hay que decirlo claro: el primer golpe visual funciona.

La dirección artística tiene personalidad y no se esconde. Code Vein apuesta por un tono oscuro, postapocalíptico y decadente, pero filtrado por una sensibilidad muy japonesa. Ruinas, ciudades destruidas y paisajes muertos se mezclan con una paleta de colores que, aunque apagada en general, sabe cuándo destacar ciertos elementos para guiar al jugador. El problema es que esa fuerza visual inicial no siempre se traduce en variedad real.

El diseño de personajes encaja perfectamente dentro del estándar japonés, sin intentar romper moldes ni provocar de forma gratuita. No es algo especialmente rompedor, pero tampoco desentona. Aquí no hay nada que no hayamos visto antes en animes o juegos nipones similares.

Donde Code Vein realmente marca la diferencia no es tanto en los rostros o las proporciones de los personajes, sino en el diseño de trajes y armas. Ahí sí hay un trabajo destacable: abrigos largos, detalles góticos y un estilo que mezcla lo militar, lo vampírico y lo postapocalíptico con bastante acierto. El equipamiento tiene personalidad y consigue que cada personaje se sienta distinto sin necesidad de reinventar su silueta básica.

Las armas, por su parte, refuerzan muy bien ese tono exagerado y fantasioso: espadones descomunales, alabardas estilizadas y martillos que parecen sacados de un anime oscuro. No solo cumplen una función jugable, sino que aportan identidad visual y ayudan a que el combate se sienta más contundente de lo que realmente es en términos de dificultad.

En conjunto, el apartado artístico de personajes no busca ser revolucionario, pero sí coherente con su propuesta, y brilla especialmente cuando se apoya en el diseño de vestimenta y armamento. Ahí es donde Code Vein deja claro que sabe muy bien cuál es su público y cómo seducirlo visualmente.

La historia tiene buenas ideas, pero no sabe contarlas bien

La historia de Code Vein parte de una premisa bastante atractiva: un mundo devastado, resucitados condenados a perder la cordura y una lucha constante por conservar los recuerdos que definen quiénes fueron. Sobre el papel, el universo tiene potencial de sobra para construir algo oscuro, trágico y emocionalmente potente.

El problema no está en el mundo ni en la idea central, sino en cómo se desarrolla. Code Vein presenta conceptos interesantes, pero rara vez se detiene a explotarlos con calma o profundidad. Todo avanza a trompicones, dando la sensación de que hay piezas importantes del lore que se quedan a medio camino o pasan demasiado rápido como para dejar huella.

En cuanto a los personajes, aquí el juego abraza sin tapujos los clichés más reconocibles del anime japonés. Arquetipos muy marcados, pasados traumáticos y relaciones que siguen patrones bastante previsibles. No es algo necesariamente negativo, pero sí limita el impacto emocional. Algunos personajes funcionan y generan empatía, mientras que otros parecen existir únicamente para cumplir su rol narrativo sin ir más allá.

La forma de contar la historia tampoco ayuda. Gran parte del peso narrativo recae en secuencias de recuerdos y vestigios que debes ver tú por tu cuenta.

Las escenas que irás viendo a lo largo de la historia están colocadas con bastante acierto. Suelen aparecer al inicio de una mazmorra o tras derrotar a un jefe, precisamente para no cortar la acción ni romper el ritmo del juego. En ese sentido, Code Vein sabe respetar la experiencia jugable y evita forzar pausas innecesarias en mitad de la exploración o el combate.

El problema no es tanto cuándo aparecen estas secuencias, sino cuánto peso cargan sobre ellas. Al delegar gran parte del desarrollo narrativo en estos fragmentos, la historia queda excesivamente compartimentada. El jugador entiende lo que ocurre, pero rara vez lo vive de forma orgánica mientras juega. Más que integrarse en el mundo y la exploración, la narrativa se consume en bloques separados que, aunque bien colocados, no siempre consiguen generar una sensación de continuidad.

Así, la historia no llega a romper el ritmo del gameplay, pero sí acaba sintiéndose demasiado fragmentada, como si avanzara a base de piezas sueltas en lugar de fluir de manera natural junto a la experiencia de juego.

En resumen, Code Vein tiene una historia con buenas intenciones y una base sólida, pero su ejecución es irregular. No es que la narrativa sea mala, es que no sabe cuándo hablar ni cuándo callar, y acaba diluyendo el impacto de una premisa que podría haber sido mucho más potente si hubiera estado mejor medida y contada con más cuidado.

Un sistema de combate flexible y muy disfrutable

El combate de Code Vein es, sin rodeos, uno de sus grandes pilares. Responde bien, es ágil, y transmite impacto en cada golpe. Hay una clara sensación de control sobre el personaje, con animaciones contundentes y una estamina que obliga a pensar mínimamente cada acción. No es un machacabotones, pero tampoco busca castigar al jugador con la dureza extrema de otros referentes del género.

La sensación al luchar es satisfactoria, sobre todo gracias a la variedad de armas y a cómo se sienten en mano. Los espadones pesan, las armas rápidas permiten jugar de forma más agresiva y las habilidades especiales añaden un toque espectacular que encaja muy bien con su estética anime. Todo funciona con fluidez, aunque rara vez llega a generar esa tensión constante que define a los Souls más clásicos.

En mi caso, por ejemplo, nunca llegué a dominar del todo el sistema de parry. No porque esté mal implementado o sea injusto, sino más bien por falta de adaptación por mi parte. El parry exige timing y práctica, y aunque es perfectamente funcional, no resulta tan intuitivo ni tan natural como en otros soulslike más clásicos. Aun así, es más una cuestión de aprendizaje personal que un fallo real del sistema.

El gran punto diferenciador del sistema está en los Códigos de Sangre, un sistema de clases intercambiables que permite cambiar de rol casi sobre la marcha. Psicópata, Cazador, Prometeo… todo está al alcance sin necesidad de empezar una partida nueva. Esta libertad es uno de los mayores aciertos del juego, ya que fomenta la experimentación y evita que el jugador se sienta atrapado en una sola build.

Ahora bien, aquí aparece una de las grandes contradicciones de Code Vein: la profundidad es más aparente que real. Aunque el sistema da la sensación de ser muy complejo y personalizable, en la práctica muchas combinaciones terminan funcionando de forma similar. Hay margen para probar cosas, sí, pero rara vez se exige al jugador exprimir al máximo sus herramientas para avanzar.

Comparado con Dark Souls, Code Vein comparte muchas bases, pero no el mismo nivel de exigencia. Donde los juegos de FromSoftware obligan a dominar mecánicas y aprender de cada error, aquí el combate es más permisivo. Eso no lo hace peor, pero sí diferente: menos punitivo, más accesible y pensado para disfrutar sin sufrir constantemente.

En definitiva, el sistema de combate de Code Vein es sólido, divertido y muy agradecido, aunque se queda un paso por detrás cuando se le exige profundidad real y reto constante. Un enfoque más amable que encaja perfectamente con su intención de ser un soulslike para todos los públicos, pero que puede dejar con ganas de más a los jugadores más curtidos.

El compañero es una gran ayuda… y también el mayor chivato del juego

Uno de los elementos más diferenciales de Code Vein es su sistema de acompañantes controlados por la IA. Desde el principio queda claro que no están ahí solo como apoyo puntual, sino como una pieza clave del diseño del juego, especialmente pensada para suavizar la experiencia a quienes se inician en el género.

El diseño del sistema está bien planteado: el compañero ataca, cura, revive y sabe colocarse razonablemente bien en combate. Pero donde realmente se nota su impacto es en la dificultad. Personajes como Yakumo llegan a carrilear combates enteros, sobre todo durante las primeras horas. En los primeros jefes, el acompañante puede llegar a hacer gran parte del trabajo si el jugador se limita a atraer la atención del boss o a atacar por la espalda mientras la IA recibe los golpes.

Esto convierte muchos enfrentamientos que deberían ser tensos en combates bastante más controlables. No porque el jugador juegue especialmente bien, sino porque el sistema permite repartir la presión de una forma muy favorable. Para alguien que se está iniciando en los soulslike, esto es una bendición: reduce la frustración, permite aprender mecánicas básicas y evita el bloqueo típico de los primeros jefes.

Ahora bien, aquí es donde Code Vein se delata sin tapujos. El acompañante no solo ayuda: puede llegar a trivializar el combate. Y eso, para jugadores más veteranos o hardcore, puede sentirse como una muleta excesiva. La tensión baja, el castigo se diluye y la sensación de victoria pierde parte de su impacto cuando sabes que la IA ha hecho más de medio trabajo.

Como añadido, el sistema es interesante y coherente con la filosofía accesible del juego. Pero también cambia por completo la experiencia dependiendo de si decides usarlo o no. Code Vein te da la opción de jugar solo, pero su diseño deja claro que está pensado para ir acompañado, y eso marca una diferencia enorme entre un reto moderado y uno mucho más exigente.

El compañero es una herramienta excelente para nuevos jugadores, pero también el elemento que más claramente separa a Code Vein de los soulslike más duros. Una ayuda bien pensada… que no todos van a querer usar.

Exploras, te pierdes un poco… pero el camino está bastante marcado

En Code Vein, la dificultad y el diseño de niveles van claramente de la mano, y ambos responden a la misma filosofía: hacer el género más accesible sin eliminar del todo su esencia. No es un Dark Souls en cuanto a complejidad de mapas, pero tampoco cae en lo simplón, especialmente para alguien que se adentra por primera vez en este tipo de juegos.

La curva de dificultad está bastante bien ajustada para nuevos jugadores. El juego introduce sus sistemas en un tutorial al principio, permite cometer errores y rara vez castiga de forma brutal. No hay picos injustos ni muros imposibles en las primeras horas, y eso ayuda a que el jugador avance con confianza. El problema es que, para quienes ya vienen curtidos en el género, el reto se diluye demasiado rápido, sobre todo si se juega con compañero.

En cuanto al diseño de niveles, Code Vein cumple con nota dentro de su enfoque. Hay suficientes bifurcaciones, atajos y caminos secundarios como para perderte un poco, explorar y encontrar objetos interesantes. Esa sensación de “me he salido del camino” existe, y funciona bien como primer contacto con estructuras tipo soulslike.

Eso sí, el juego es mucho más guiado de lo que parece. Al final, casi siempre hay una única ruta real que te lleva al jefe de la zona, y el resto de caminos actúan más como desvíos opcionales que como alternativas reales. No es algo necesariamente negativo, pero sí deja claro que la libertad es más aparente que real.

Respecto a los jefes, hay de todo. Algunos enfrentamientos están bien diseñados, tienen buena presencia y mecánicas reconocibles, mientras que otros pasan sin pena ni gloria y se olvidan rápido. No todos los bosses transmiten esa sensación de desafío memorable, y varios se superan más por desgaste o ayuda del compañero que por aprendizaje puro.

Siendo claros, el diseño de niveles y la dificultad de Code Vein están muy bien pensados para introducir a nuevos jugadores en el género. Ofrecen exploración, cierta pérdida de orientación y recompensas interesantes, pero siempre bajo un control muy claro del ritmo y la progresión. Para unos, será una forma ideal de empezar; para otros, una experiencia demasiado guiada y poco exigente.

Una banda sonora que acompaña bien, aunque no se queda contigo

El apartado sonoro de Code Vein cumple con lo que se espera de él y, en lo personal, me ha gustado bastante, sobre todo porque encaja con un estilo musical muy concreto que puede conectar fácilmente con quienes sean fans de este tipo de composiciones.

La música ambiental sabe acompañar bien la exploración. No es invasiva, ayuda a reforzar el tono melancólico y postapocalíptico del mundo y crea una atmósfera coherente con lo que se está viendo en pantalla. En ese sentido, funciona y hace su trabajo sin molestar, algo que no siempre es fácil de conseguir.

Los temas de los jefes elevan un poco más el conjunto. Son más intensos, más épicos y ayudan a que los combates se sientan importantes, aunque tampoco llegan a ese punto en el que la música se convierte en parte fundamental del recuerdo del enfrentamiento. Cumplen, acompañan… pero rara vez destacan por encima del combate en sí.

En cuanto a los efectos de sonido, están bien implementados. Golpes, habilidades, impactos y sonidos ambientales transmiten peso y responden correctamente a la acción. No hay nada especialmente criticable aquí, pero tampoco nada que sobresalga de forma clara.

En conjunto, la banda sonora de Code Vein es sólida y agradable, especialmente si conectas con su estilo musical. El problema es que no es una OST que se te quede grabada. Funciona mientras juegas, pero difícilmente será de esas que recuerdes dentro de diez años o que te pongas por iniciativa propia fuera del juego. Correcta, bien integrada… y poco más.

Conclusión final sobre Code Vein

Code Vein es un soulslike honesto, con personalidad y con un enfoque claro. Brilla como puerta de entrada al género y como experiencia disfrutable sin frustraciones excesivas, pero se queda corto cuando se le exige ese punto extra de exigencia y memorabilidad que define a los grandes referentes. Un buen juego, con aciertos claros… y con límites que nunca intenta cruzar.

Lo mejor de Code Vein
  • Sistema de combate sólido y agradecido, con buenas sensaciones y variedad real de armas y habilidades.
  • Una puerta de entrada excelente al género soulslike, ideal para quienes quieren empezar sin frustrarse.
  • Los Códigos de Sangre están muy bien pensados. Permiten experimentar sin penalizar al jugador ni obligarle a reiniciar la partida.
  • Lo peor de Code Vein
  • Dificultad demasiado contenida, sobre todo si se juega siempre con compañero.
  • Historia interesante pero mal dosificada, que nunca termina de explotar todo su potencial.
  • La IA aliada puede trivializar combates, restando impacto a algunas victorias.
  • Nota final de Code Vein

    Historia

    Jugabilidad

    Apartado Técnico

    Apartado Artístico

    Apartado Sonoro

    7.7

    Nota Total

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