Análisis de Eiyuden Chronicle: Rising (PS4, PS5, Nintendo Switch, PC, Xbox One y Xbox Series X/S)

Eiyuden Chronicle: Rising no es “el” Eiyuden Chronicle. No es el heredero espiritual completo de Suikoden, no es el RPG enorme lleno de personajes reclutables y drama político que muchos tenían en la cabeza. Esto es otra cosa… y cuanto antes lo tengas claro, mejor te va a sentar la experiencia.

Rising es, en esencia, un spin-off con forma de prólogo jugable. Un juego de acción 2.5D con combates sencillos, misiones cortas y una estructura muy enfocada en repetir tareas mientras ves crecer un pequeño pueblo. También es, siendo honestos, un experimento: sirve para presentar el mundo, el tono y parte del lore antes de lanzarse a lo grande con el plato fuerte.

¿Y para quién está pensado realmente?
Principalmente para fans de Suikoden que necesitaban algo a lo que hincarle el diente mientras esperaban el Eiyuden “de verdad”. También puede funcionar para curiosos que buscan un RPG ligero, sin demasiadas complicaciones ni sistemas densos. Pero si vienes esperando una experiencia profunda, larga y épica… este no es tu juego.

Y aquí va el primer aviso importante, de esos que ahorran decepciones:
esto no es Eiyuden Chronicle: Hundred Heroes en pequeño. Es un título más modesto, más limitado y mucho más contenido en ambición. Todo (combate, historia, misiones, duración) está diseñado con esa mentalidad. Si entras pensando que es un adelanto amable del universo, bien. Si entras esperando “el gran RPG”, el choque es casi seguro.

Dicho claro: Eiyuden Chronicle: Rising existe para mantener vivo el hype, para ir calentando motores y para poner un pie en el mundo de Eiyuden sin arriesgar demasiado. Y eso no es necesariamente malo… pero sí condiciona absolutamente todo lo que viene después.

El combate es divertido al principio y se vuelve automático al final

El combate en Eiyuden Chronicle: Rising entra fácil. Muy fácil. Desde el primer minuto se siente fluido, rápido y agradecido al mando: ataques básicos, habilidades sencillas, esquivas claras y cero fricción. Todo responde bien, todo es inmediato, y eso hace que al principio sea bastante satisfactorio.

El problema es que esa buena primera impresión se quema rápido.

Estamos ante un sistema claramente machacabotones, pensado para no complicarte la vida en ningún momento. Golpeas, gastas habilidades, limpias pantalla y sigues adelante. No hay castigo real por jugar mal, no hay decisiones especialmente interesantes y, salvo algún pico puntual, el juego nunca te exige aprender ni mejorar de verdad.

En cuanto a los personajes jugables, sí, hay varios… pero no nos engañemos. Cada uno tiene su “rol” y su arma, pero las diferencias se sienten más estéticas que estratégicas. Cambiar de personaje aporta variedad visual y algo de ritmo, pero rara vez te obliga a replantear cómo juegas. Es más una cuestión de “ahora me apetece este” que de “necesito usar a este”.

Aquí es donde aparece la gran trampa del combate: parece más profundo de lo que realmente es. Hay mejoras, habilidades nuevas y números que suben, pero el núcleo no cambia. Sigues haciendo lo mismo, solo que un poco más rápido y con más efectos en pantalla. El juego te hace creer que estás evolucionando, cuando en realidad estás refinando una rutina muy básica.

¿Y cuándo se vuelve repetitivo?
Cuando el patrón se revela por completo: mismos enemigos recoloreados, mismas arenas, mismas secuencias de ataque. El combate no empeora… simplemente deja de sorprender. Y como el juego se apoya muchísimo en él, el desgaste se nota antes de lo que debería.

Y aquí va la pregunta incómoda, la que define todo este apartado:
¿el combate es divertido porque está bien diseñado… o porque el juego tiene la decencia de no alargarse demasiado?

La respuesta probablemente esté en algún punto intermedio, pero lo que está claro es que si Rising durase el doble, este sistema se caería a pedazos.

Un pueblo que crece a base de encargos

Si hay un eje que sostiene Eiyuden Chronicle: Rising, ese es el pueblo. Toda la experiencia gira alrededor de reconstruir, mejorar y hacer crecer un asentamiento que empieza siendo poco más que cuatro casas mal puestas. Sobre el papel, la idea es buena. De hecho, muy Suikoden en espíritu: ver cómo un lugar prospera gracias a tus acciones siempre resulta atractivo.

El problema no es el concepto, es cómo se ejecuta.

La reconstrucción del pueblo se apoya casi por completo en un sistema de misiones que no se corta un pelo en ser repetitivo. Aquí no hay misterio: el juego te pide materiales, enemigos derrotados o favores simples… y tú obedeces. Una y otra vez. Y otra más. El diseño es tan transparente que cuesta no ver el engranaje detrás: haz encargos para subir el nivel del pueblo, y sube el nivel del pueblo para desbloquear más encargos.

Y sí, al principio funciona. Ves cómo se levantan edificios, aparecen nuevos NPCs y se abren tiendas. Hay una sensación inicial de progreso bastante agradecida. El problema es que ese progreso se vuelve administrativo. No estás avanzando porque tomes decisiones interesantes, sino porque has rellenado suficientes listas de la compra.

El backtracking es otro de los grandes protagonistas. Volver a zonas ya exploradas puede sumar cuando lo haces con nuevas habilidades o con un objetivo claro. Pero en Eiyuden Chronicle: Rising, muchas veces se siente como ida y vuelta por pura obligación, no porque el diseño del mapa lo aproveche especialmente bien. No es exploración, es logística.

Y aquí aparece la gran duda que atraviesa todo el sistema:
¿estás mejorando el pueblo… o simplemente llenando una barra que sube porque toca?

Porque aunque el número suba, aunque el cartel cambie y aunque haya más luz y más casas, la jugabilidad apenas evoluciona. El pueblo crece, sí, pero tú como jugador sigues haciendo prácticamente lo mismo. El progreso existe, pero es más visual y numérico que jugable.

La reconstrucción del pueblo es una excusa funcional para darte objetivos constantes, pero no termina de convertirse en un sistema realmente estimulante. Cumple su papel, sostiene el juego… pero también deja claro cuándo está estirando la fórmula más de la cuenta.

Los personajes tienen encanto, pero no llegan a trascender

Uno de los mayores encantos de Eiyuden Chronicle: Rising está, sin duda, en sus personajes. Son simpáticos, tienen personalidad y entran fácil. El problema es que se quedan ahí: en lo agradable, en lo funcional, en lo justo para acompañarte… pero raramente dan un paso más.

Los protagonistas cumplen bien su papel, pero cuesta llamarlos memorables. Tienen rasgos claros, diálogos definidos y una química correcta entre ellos, pero no evolucionan demasiado ni dejan una huella especialmente fuerte cuando apagas la consola. No son personajes malos, ni mucho menos, pero sí se sienten diseñados para este juego concreto y poco más.

El tono narrativo apuesta claramente por el humor ligero y el buen rollo constante. Hay chistes, situaciones simpáticas y un aire desenfadado que hace la experiencia más llevadera. El ritmo de los diálogos es ágil, se leen bien y no suelen hacerse pesados. Ahora bien, el juego abusa un poco de lo “mono”. En algunos momentos parece más preocupado por caer bien que por decir algo interesante.

Y cuando eso pasa, el encanto empieza a diluirse.

En cuanto al lore, Eiyuden Chronicle: Rising juega a dos bandas. Por un lado, ofrece lo justo para picar la curiosidad: nombres, conflictos y pinceladas de un mundo más grande. Por otro, rara vez profundiza. Todo se queda en la superficie, como si el juego tuviera miedo de gastar ideas que se supone que brillarán más adelante. El resultado es un universo que se intuye interesante, pero que aquí se presenta descafeinado.

Esto nos lleva a la gran pregunta: ¿cómo conecta todo esto con lo que promete la saga principal?
La respuesta es clara: más como aperitivo que como introducción potente. Si conoces Suikoden, notarás ecos, intenciones y ciertos guiños, pero no encontrarás la complejidad política, el peso dramático ni la ambición narrativa que definían aquella saga.

Eiyuden Chronicle: Rising apuesta por el carisma inmediato y el tono amable, y en eso funciona. Pero lo hace a costa de profundidad, dejando la sensación de que los personajes y la historia podrían haber dado mucho más de sí… si el juego hubiera querido arriesgar un poco más.

Un apartado artístico que no arriesga

Visualmente, Eiyuden Chronicle: Rising es de esos juegos que entran por los ojos desde el primer vistazo. El estilo 2.5D con pixel art está muy cuidado, los escenarios son coloridos, y todo tiene ese aire clásico-modernizado que busca apelar directamente a la nostalgia… y lo consigue.

El trabajo artístico es sólido, coherente y agradable. Los fondos están bien detallados, los personajes tienen diseños reconocibles y el conjunto se ve limpio incluso cuando la pantalla se llena de enemigos y efectos. Es un juego que luce bien en movimiento y que rara vez resulta confuso visualmente, algo que no siempre se puede decir dentro de este estilo.

Las animaciones acompañan correctamente. No son espectaculares, pero cumplen su función: ataques claros, habilidades legibles y efectos que transmiten impacto sin exagerar. De nuevo, todo funciona, pero casi nada sorprende. No hay momentos en los que el juego se suelte la melena a nivel visual ni escenas que se te queden grabadas por puro atrevimiento artístico.

Y ahí está la clave de este apartado: Eiyuden Chronicle: Rising no arriesga. Opta por un estilo que sabe que funciona y lo ejecuta bien, pero sin intentar destacar de verdad. Es el típico caso de “me gusta lo que veo” más que “esto no se me va a olvidar”. Comparado con otros indies del mismo corte (sin necesidad de señalar a nadie), se sitúa en la zona segura del espectro.

El apartado artístico de Eiyuden Chronicle: Rising es uno de sus puntos fuertes, pero también uno de los más previsibles. Bonito, cuidado y efectivo… aunque demasiado conservador como para dejar huella.

Una banda sonora que pasa de puntillas

En el apartado sonoro, Eiyuden Chronicle: Rising es bastante fácil de definir: cumple… y poco más. La música está ahí, acompaña las escenas y el combate, pero rara vez reclama tu atención. Y eso, en un RPG, suele ser una señal clara.

La banda sonora es agradable, sí, pero también muy floja en personalidad. De hecho, durante buena parte de la experiencia la música pasa tan desapercibida que casi podrías no notar si desaparece. Está diseñada para no molestar, pero también para no destacar.

Y ese es el mayor problema: no hay momentos musicales memorables. Ningún tema que eleve una escena, ningún combate que gane intensidad gracias al sonido. Todo se queda en un plano muy neutro, funcional, casi de fondo continuo sin identidad propia.

Los efectos de sonido, por su parte, están algo mejor resueltos. El feedback en combate es correcto: los golpes suenan como deben, las habilidades transmiten impacto y el conjunto no resulta molesto ni estridente. Sin embargo, tampoco aquí hay un trabajo especialmente destacable. Todo es correcto, estándar y previsible.

En resumen, el apartado sonoro de Eiyuden Chronicle: Rising no suma ni resta de forma significativa, pero sí deja pasar una oportunidad clara de elevar la experiencia. La música cumple su función básica, pero es tan discreta que termina siendo olvidable. Y en un juego que busca apelar a la nostalgia y al encanto, eso pesa más de lo que parece.

Conclusión final sobre Eiyuden Chronicle: Rising

Eiyuden Chronicle: Rising es un juego honesto con lo que ofrece, pero también muy consciente de sus límites. Funciona mejor cuando se acepta como lo que es: un spin-off modesto, de ritmo ligero y ambición contenida, pensado para acompañar, no para liderar. Entre sus puntos fuertes está un combate ágil que engancha al principio, un apartado artístico agradable y un tono narrativo simpático que hace la experiencia llevadera. Es un juego que no incomoda, que fluye bien y que rara vez se rompe. El problema es que casi todo lo bueno que propone se queda a medio camino: el combate se automatiza, las misiones se repiten sin pudor, el progreso del pueblo se vuelve mecánico y la música pasa tan desapercibida que cuesta recordarla. No es un mal juego, pero sí uno demasiado cómodo. Nunca arriesga, nunca sorprende y nunca termina de despegar. Da la sensación constante de estar jugando a una antesala, a un “mientras tanto”, más que a una experiencia con entidad propia.

Lo mejor de Eiyuden Chronicle: Rising
  • El combate entra fácil y resulta divertido en las primeras horas.
  • El estilo 2.5D y el pixel art están bien trabajados y hacen que el juego luzca bonito en todo momento.
  • No se alarga más de la cuenta, lo que evita que sus problemas se hagan todavía más evidentes.
  • Lo peor de Eiyuden Chronicle: Rising
  • Tiene una estructura de misiones excesivamente repetitiva.
  • Narrativa y personajes con poco peso. No evolucionan ni dejan huella.
  • Banda sonora floja y fácilmente olvidable.
  • Nota final de Eiyuden Chronicle: Rising

    Historia

    Jugabilidad

    Apartado Técnico

    Apartado Artístico

    Apartado Sonoro

    6.4

    Nota Total

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